sábado, 28 de febrero de 2015
viernes, 27 de febrero de 2015
jueves, 26 de febrero de 2015
lunes, 23 de febrero de 2015
Guía para la lectura orante: Marcos 9,2-10
1.Oración Inicial: Danos tu Espíritu, Padre,
para que en una verdadera conversión podamos recibir a tu Hijo que pasa por
nuestra historia y así reconocerlo, nuestro pastor y maestro, como el Esposo
que ofrece la vida por la humanidad. Danos una visión límpida, un corazón pronto
para escuchar, danos el estar siempre preparados para colaborar en la alegría
de nuestros hermanos. AMÉN.
2. Lectura: ¿Qué dice el texto?
a. Introducción: Después del anuncio de
la pasión y del llamado al seguimiento, Marcos introduce el relato de la
transfiguración. Las severas y
desconcertantes palabras de Jesús sobre el camino doloroso del Mesías y del
discípulo provocan abatimiento y desilusión entre los suyos. Estos necesitan
rehacerse, recobrar fuerzas y coraje. A ello se orienta la transfiguración
sobre el monte. A tres discípulos se les otorga el privilegio de una
experiencia singular, que les sirve de iluminación, aliento y exhortación:
iluminación sobre la verdadera identidad y el destino último de Jesús; aliento
para que los discípulos puedan recorrer el camino del Maestro. Abramos nuestros
corazones a escuchar la Palabra de Dios.
b. Leer el texto: Marcos 9,2-10: Hacer una lectura atenta, pausada y reflexiva. Leerlo
una segunda vez.
c. Un
momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para que la
palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones.
d. ¿Qué
dice el texto?
1)
Cada persona lee el versículo o parte del texto que te impresionó más.
2)
¿Dónde se encuentra Jesús? ¿Quiénes lo acompañan?
3)
¿Quién habla? ¿Qué dice?
4)
¿Quienes aparecen en la escena?
¿Qué significan esos personajes para los judíos?
5)
¿Cuál es el mensaje de la voz del cielo para Jesús? ¿Y cuál es el
mensaje para los discípulos?
3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? Seleccionar las preguntas más significativas para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el
texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.
a)
¿Necesito un alto en el camino - como el que proporcionó Jesús a sus
tres discípulos en el monte Tabor - para verle transfigurado y transfigurar así
también mi vida?
b) Vamos por la vida caminando con gozo hacia el encuentro glorioso con
Cristo resucitado; ¿Estamos dispuestos a asumir que a ese triunfo final sólo se
llega pasando por la cruz, por el servicio, por la vida entregada por y a los
hermanos(as)?, ¿O preferimos quedarnos en el monte (hacer tres tiendas) sin
continuar hasta el Calvario?
c)
¿Qué significa escuchar a Jesús hoy?
d) ¿Cómo transfigurar hoy, la vida personal y familiar, y la vida
comunitaria en nuestro barrio?
e)
¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer
en concreto para que se haga realidad?
4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su
Palabra? Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre
el Evangelio y sobre nuestra vida. «Este es mi Hijo, el Amado, escúchenlo».
5. Compromiso: Contemplar a Dios, volver la mirada al mundo y
comprometerse con el Reino de Dios y su justicia: ¿A qué me
compromete el “escuchar a Jesús”? ¿Qué puedo cambiar en mi vida a partir de sus
palabras y su vida? Ofrecerle al Señor
alguna actitud concreta para vivir en la semana. Llevamos una “palabra”.
Tratar de tenerla en cuenta en todo momento y buscando un momento cada día para
recordarla y tener un tiempo de oración cotidiano donde volver a conversarla
con el Señor.
Para profundizar Mc 9,2-10
1. Contexto: El anuncio de la pasión sumergió a los discípulos en una profunda crisis. Ellos se encontraban en medio de los pobres, pero en sus cabezas todo era confusión, perdidos como estaban en la propaganda del gobierno y en la religión oficial de la época (8,15). La religión oficial enseñaba que el Mesías sería glorioso y victorioso. Y es por esto por lo que Pedro reacciona con mucha fuerza contra la cruz (8,32) Un condenado a la muerte de cruz no podía ser el Mesías, al contrario, según la Ley de Dios, debía ser considerado como un “maldito de Dios” (Dt 21,22-23). Ante esto, la experiencia de la Transfiguración de Jesús podía ayudar a los discípulos a superar el trauma de la Cruz. En efecto, en la Transfiguración, Jesús aparece en la gloria, y habla con Moisés y con Elías de su Pasión y Muerte (Lc 9,31). El camino de la gloria pasa por tanto por la cruz.
En los años 70, cuando Marcos escribe su
evangelio, la cruz constituía un gran impedimento para la aceptación de Jesús
como Mesías por parte de los judíos. ¿Cómo podía ser que un crucificado, muerto
como un marginado, pudiese ser el gran Mesías esperado por siglos de los
pueblos? La cruz era un impedimento para creer en Jesús. “La cruz es un escándalo” decían (1Cor 1,23). Las comunidades no
sabían cómo responder a las preguntas críticas de los judíos. Uno de los
mayores esfuerzos de los primeros cristianos consistía en ayudar a las personas
a comprender que la cruz no era un escándalo, ni locura, antes bien, era la
expresión del poder y de la sabiduría de Dios (1Cor 1,22-31). El evangelio de
Marcos contribuye a este esfuerzo. Se sirve de textos del Primer Testamento
para describir la escena de la Transfiguración. Ilumina los hechos de la vida
de Jesús y muestra que en Jesús se ven realizadas las profecías y que la Cruz
es el camino que conduce a la gloria. ¡Y no sólo la cruz de Jesús era un
problema! En los años 70 la cruz de la persecución formaba parte de la vida de
los cristianos. En efecto, poco tiempo antes, Nerón había desencadenado la
persecución y hubo muchos muertos. Hasta hoy, muchas personas sufren porque son
cristianos y porque viven el evangelio. ¿Cómo afrontar la cruz? ¿Qué
significado tiene?
2. La voz del cielo (9,7): Apenas Jesús queda envuelto
en la gloria, una voz del cielo dice:
“Este es mi Hijo predilecto. Escúchenlo”.
La expresión “Hijo predilecto”
evoca la figura del Mesías Siervo, anunciado por el profeta Isaías (cf. Is
42,1). La expresión “Escúchenlo” evoca la profecía que prometía
la llegada de un nuevo Moisés (cf. Dt 18,15). En Jesús, se están realizando las
profecías del Primer Testamento. Los discípulos no podían dudarlo. Los
cristianos de los años 70 no podían dudarlo. Jesús es verdaderamente el Mesías
glorioso, pero el camino de la gloria pasa por la cruz, según el anuncio dado
en la profecía del Siervo (Is 53,3-9). La gloria de la Transfiguración es la
prueba. Moisés y Elías lo confirman. El Padre es el garante. Jesús la acepta.
miércoles, 18 de febrero de 2015
lunes, 16 de febrero de 2015
Guia para la Lectura orante Mc 1,12-15
1. Oración Inicial: Señor de la Vida, envíe tu Espíritu Santo. Concédenos escuchar con
apertura de corazón el mensaje de tu Palabra para que vivamos siempre conforme
a tu voluntad y actuemos como luz y fermento del mundo. AMÉN.
2. Lectura: ¿Qué dice el texto?
a. Introducción: El texto de hoy nos presenta el comienzo de la vida pública
de Jesús: los cuarenta días en el desierto, las tentaciones de Satanás, la
prisión de Juan Bautista, el inicio del anuncio de la Buena Nueva de Dios y un
breve resumen en cuatro puntos de lo que Jesús anunciaba al pueblo de su
tierra. Durante la lectura pongamos atención a estos dos puntos: ¿Qué anuncia
Jesús al pueblo? ¿Qué nos pide Jesús a todos? Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.
b. Leer el texto: Marcos 1,12-15: Hacer una lectura
atenta, pausada y reflexiva. Tratar de descubrir el mensaje de fe que el
evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.
c. Un momento de silencio
orante: Hacemos un tiempo de silencio, para que la palabra de Dios pueda
penetrar en nuestros corazones.
d. ¿Qué dice el texto?
1)
Cada persona lee el versículo
o parte del texto que te impresionó más.
2) Cuarenta días en el desierto y, al final, las tentaciones. ¿Cuál sería
el significado de esta información para la comunidad del tiempo de Marcos?
3) ¿Fue la prisión de Juan Bautista lo que motivó a Jesús a regresar a
Galilea y comenzar el anuncio de la Buena Nueva de Dios? ¿Cuál es el
significado de esta información para la comunidad del tiempo de Marcos?
4) El texto de hoy incluye el "primer sermón de Jesús", su
"manifiesto" que resume de algún modo todo lo que será su misión y su
mensaje. ¿Cuáles son los cuatro puntos que Jesús anuncia al pueblo?
5)
Comentemos el significado de los elementos que contiene esa "proclama de Jesús".
3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y
descubrir su sentido para nuestra vida.
a)
¿Qué significa para nosotros(as) el hecho que Jesús fue tentado?
b) ¿Fue la prisión de Juan Bautista lo que motivó a Jesús a regresar a
Galilea y comenzar el anuncio de la Buena Nueva de Dios? ¿Y cuál es el
significado para nosotros hoy?
c)
Cuarenta días en el desierto y las tentaciones. ¿Cuál es su significado
para nosotros hoy?
d) ¿Qué significa para nosotros(as), “Conviértanse”
y “Crean en la Buena Noticia” ?
e) En la situación actual de nuestro país, y del mundo, ¿cuáles podríamos
decir que son las tres más grandes tentaciones con las que se encuentra todo
ser humano y todo cristiano(a)?
f)
¿Cuál es el mensaje del texto
para nuestra vida hoy y qué podemos hacer en concreto para que se haga
realidad?
4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su
Palabra? Ponemos en forma de oración
todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida.
5. Compromiso: Contemplar
el rostro de Dios encontrado en el texto, volver la mirada al mundo y
comprometernos con el Reino de Dios y su justicia. Participar en el Reino de Dios significa un verdadero cambio de vida:
¿En qué podemos cambiar esta semana para ofrecerle a Señor? Llevamos una "palabra". Puede ser un versículo o una frase del texto. Tratar de tenerla
en cuenta y buscar un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de
oración donde volver a conversarla con el Señor.
Para profundizar Mc 1,12-15
El contexto: La Buena Nueva de Dios, preparada a través de
la historia (1,1-8), fue proclamada solemnemente por el Padre en el momento del
Bautismo de Jesús (1,9-11). Ahora aquí, en nuestro texto, viene probada en el
desierto (1,2-13) y, de pronto, aparece el resultado de la larga preparación.
Jesús anuncia la Buena Nueva públicamente al pueblo (1,14-15). En los años setenta, época en la escribe
Marcos, los cristianos, leyendo esta descripción del comienzo de la Buena
Nueva, miraban en el espejo de la propia vida. Desierto, tentación, prisión no
faltaba. Eran el pan de cada día. Y sin embargo, como Jesús, trataban de
anunciar la Buena Nueva de Dios.
Tentación en el desierto (1,12-13): La condición mesiánica de Jesús y su filiación
divina no le sustraen de la historia humana y, consiguientemente, tampoco de
sus pruebas y sufrimientos. Al contrario. Le sumergen de lleno en la lucha que
en esa historia se libra. También él, como verdadero hombre, tiene que vivir el
desierto de la prueba y recorrer el duro camino –al igual que lo hizo el pueblo
de Israel– que conduce a la salvación. Pero ¿en qué consiste esa prueba
purificadora de su estancia en el desierto? Marcos, a diferencia de Mateo y
Lucas, no ofrece aquí la respuesta. Intentará darla a lo largo de toda su obra,
porque la tentación se prolongará durante todo el desarrollo de su misión
mesiánica. Siempre habrá alguien que pretenda disuadirlo, apartarlo del camino
que el Padre le ha trazado. Su vida será una constante lucha entre el “fuerte” y el “más fuerte” (3,21-30), lucha que concluirá en una victoria
definitiva para él, anunciada ya desde ahora con las imágenes de los animales
salvajes y los ángeles a su servicio (Gn 2 y 3). Jesús será el segundo Adán,
que, venciendo a quien venció al primero, restablecerá para toda la creación el
proyecto originario de Dios.
El Proyecto de Jesús: El Reino de Dios: Al comienzo
del relato de Marcos sobre la vida de Jesús, antes de presentar su práctica
liberadora, se nos dice de una forma muy solemne: Después que tomaron preso a
Juan, Jesús fue a la provincia de Galilea a proclamar la buena nueva de Dios.
Hablaba de esta forma: «el plazo está
vencido, el Reino de Dios está llegando. Tomen otro camino y crean en la Buena
Nueva». (1,14-15). Es un hecho histórico innegable, atestiguado por toda la
tradición y todos los documentos y fuentes, que el centro de la acción y
predicación de Jesús fue el Reino de Dios. Jesús no se predicó a sí mismo,
tampoco predicó a la Iglesia; ni siquiera podemos decir que el objeto de su
predicación fue Dios en sí mismo, sino el Reino de Dios. Este fue el secreto
más profundo de la vida de Jesús: su proyecto histórico, su estrategia, el sentido
de su vida.
Jesús busca con su práctica y su palabra restaurar el proyecto de Dios
en la historia; con su práctica de liberación, quiere también
hacer justicia a los pobres y oprimidos y así restaurar el proyecto de Dios.
Por eso Jesús descubre la presencia del Reino de Dios, de la intervención
liberadora de Dios en la historia, en todas las acciones que él está
haciendo. Cuando Jesús sana a los
endemoniados, cuando cura a los enfermos y leprosos, cuando perdona los pecados y come en casa de
los publicanos y pecadores, cuando restaura la vida humana aunque sea en día
Sábado y pone la ley al servicio del ser humano y libera al ser humano del
servicio a la ley, etc. entonces está llegando el Reino de Dios. Dios está
haciendo justicia y liberando. Dios está interviniendo en la historia a través
de sus acciones y palabras. Por eso es que la llegada del Reino de Dios es una
Buena Noticia para todos los pobres y oprimidos de la Galilea donde él estaba
actuando.
El pueblo judío esperaba la venida de un Mesías,
cuya función sería la de restaurar el Reino de Dios. Pero los judíos del tiempo
de Jesús tenían una idea totalmente diferente del Reino de Dios. La gran
mayoría de ellos
identificaba el Reino
de Dios con
el reino de
Israel, el reino
político de una
nación determinada. Los judíos esperaban así un Mesías que vendría a liberar al pueblo judío del dominio del Imperio Romano y transformarlo en una nación poderosa. Ellos
esperaban que el Mesías viniera de una manera extraordinaria, espectacular, que
sería recibido en Jerusalén por todas las autoridades máximas de la nación.
Jesús estaba predicando la llegada del Reino de Dios de una manera totalmente
diferente. No lo hacía en Jerusalén, la capital, donde vivían los judíos
importantes y ricos, los judíos «puros»,
que no se mezclaban con los paganos, sino que Jesús predicaba en la provincia
de Galilea, región despreciada por la capital. Jesús no se dirigía a las
autoridades del templo judío, a los sumos sacerdotes, a los grandes letrados, a
los representantes de las grandes familias y a los terratenientes de la época,
sino que Jesús se dirigía a las multitudes pobres y despreciadas de la Galilea:
campesinos, pescadores, enfermos, endemoniados, leprosos, pecadores, publicanos. Jesús no venía a
restaurar el reino político de Israel, sino que venía a liberar a los pobres y
oprimidos, venía para hacer justicia para restaurar el proyecto de Dios.
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